— Redacción El Tiempo 04/04/2026
Reservar el alcohol para “desquitarse” el fin de semana no es tan inofensivo como muchos creen. Una nueva investigación advierte que concentrar varias copas en una sola noche, aunque el resto de la semana no se beba, puede aumentar de forma importante el riesgo de daño hepático serio.
Un equipo de la Keck School of Medicine de la Universidad del Sur de California encontró que el consumo episódico excesivo de alcohol —cuatro o más bebidas en un día en mujeres y cinco o más en hombres— se asocia con casi el triple de riesgo de fibrosis hepática avanzada, una cicatrización peligrosa del hígado que puede progresar a insuficiencia hepática. El estudio, publicado el 2 de abril de 2026 en Clinical Gastroenterology and Hepatology, destaca que la forma de beber puede ser tan relevante como la cantidad total consumida.
Los investigadores analizaron datos de más de 8,000 adultos en Estados Unidos y observaron que incluso quienes se mantenían dentro de los límites semanales considerados moderados presentaban mayor riesgo si acumulaban muchas bebidas en una sola ocasión al menos una vez al mes. Más de la mitad de los participantes reportó este patrón de consumo.
El problema es aún más preocupante en personas con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD), frecuente en quienes viven con obesidad o diabetes tipo 2. En este grupo, el consumo excesivo ocasional elevó en 69% la probabilidad de fibrosis significativa y casi triplicó la de fibrosis avanzada.
La explicación es fisiológica: cuando se ingiere mucho alcohol en poco tiempo, el hígado no logra procesarlo con eficiencia, se satura y se desencadena una respuesta inflamatoria intensa. Repetir estos episodios favorece la formación de cicatrices, y mientras más bebidas se concentran en una sesión, mayor parece ser el daño acumulado. La fibrosis, una vez establecida, puede ser difícil o imposible de revertir.
En resumen, no existe un “crédito” semanal seguro para beber todo de una vez. Distribuir el consumo no elimina por completo el riesgo, pero evita esos picos que castigan al hígado. Si además hay hígado graso, sobrepeso, diabetes o análisis hepáticos alterados, este patrón puede ser especialmente dañino.
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