— Daniela Cordova 25/01/2026
En el albergue, un gesto silencioso recordó que la solidaridad nace incluso desde la carencia.
José Luis Martínez, de 59 años, es una de las personas sin hogar que actualmente se refugian en el albergue de Protección Civil y Bomberos de Monclova. Su historia no destaca por lo que posee, sino por lo que decide entregar: aun con lo poco que llega a sus manos, no duda en compartirlo.
Una escena sencilla, pero poderosa, quedó registrada por la cámara de Periódico El Tiempo: unas galletas canelitas, obsequio de una persona al azar, fueron abiertas por José Luis no para saciar su hambre primero, sino para ofrecerlas a dos de sus compañeros en situación de calle.
Compartir antes de probar
Ambos hombres, también albergados en el centro, viven con discapacidad: no hablan y uno de ellos no puede caminar, desplazándose en silla de ruedas. Antes de probar un solo bocado, José Luis colocó las galletas en sus manos, como si el acto fuera lo más natural del mundo.

El frío que une caminos
Relató que cada vez que el frío cala con mayor intensidad en Monclova, camina desde la colonia Obrera hasta el albergue buscando resguardo. En esta ocasión, incluso decidió llevar algunos bolillos y jamón para preparar tortas y merendar junto a estos dos compañeros.
Vivir sin techo, no sin valores
José Luis radica entre la colonia Obrera Sur y Obrera Sur Segundo Sector, donde sobrevive lavando carros. No cuenta con una vivienda fija, por lo que el albergue se convierte en su refugio cuando las bajas temperaturas vuelven insoportable la noche.
Con palabras sencillas, pero profundas, asegura que siempre intenta ser compartido porque “es lo justo”. Reconoce que cualquiera, en algún momento de la vida, puede necesitar de otro, y que dar, aun desde la escasez, también abriga el alma.

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