— Redacción El Tiempo 08/09/2025
La inquietud constante, las interrupciones durante las clases o la dificultad para mantener la atención suelen interpretarse como simples rasgos propios de la infancia.
No obstante, estas conductas pueden ser indicio de un trastorno que afecta significativamente el desarrollo académico y social de muchos niños: el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
En Estados Unidos, uno de cada diez niños ha recibido este diagnóstico, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
Los expertos advierten que, si no se trata a tiempo, el TDAH puede persistir hasta la vida adulta, impactando la autoestima, el rendimiento escolar y las relaciones interpersonales.
Qué es el TDAH y cómo se manifiesta
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que afecta áreas del cerebro relacionadas con la atención, el autocontrol y la regulación de impulsos. Sus síntomas más comunes son desatención, hiperactividad e impulsividad.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH), los niños con TDAH se distraen con facilidad, pierden objetos con frecuencia, interrumpen conversaciones y tienen dificultades para seguir instrucciones. La psicóloga infantil Mariana Ruiz señala que “el TDAH no es simplemente un niño inquieto; es un trastorno neurobiológico que requiere evaluación profesional”.
Señales de alerta en casa y en la escuela
Padres y docentes deben observar si durante al menos seis meses se presentan conductas como:
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Problemas para concentrarse o finalizar tareas escolares.
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Pérdida constante de útiles, cuadernos o juguetes.
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Inquietud motora persistente, incluso en momentos que requieren calma.
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Interrupciones frecuentes y dificultades para controlar impulsos.
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Baja tolerancia a la frustración y estallidos emocionales.
Estos síntomas deben manifestarse en más de un entorno (hogar, escuela o actividades sociales) y generar un impacto negativo en la vida del menor.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico debe realizarlo un psicólogo infantil, neurólogo pediátrico o psiquiatra especializado, mediante entrevistas clínicas, observación y cuestionarios estandarizados como la Vanderbilt Assessment Scale.
La neuropsiquiatra Lourdes Sánchez explica que los síntomas a menudo se confunden con problemas de crianza o trastornos emocionales, por lo que una evaluación correcta evita la estigmatización y asegura el tratamiento adecuado.
El enfoque terapéutico más efectivo combina:
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Terapia cognitivo-conductual.
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Capacitación para padres y maestros en manejo de conductas.
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Apoyo psicopedagógico adaptado al alumno.
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En casos moderados o graves, medicación supervisada por un médico.
Consecuencias de no tratar el TDAH
Ignorar los síntomas puede generar problemas a largo plazo. Estudios internacionales muestran que el TDAH no tratado aumenta el riesgo de depresión, ansiedad y conductas de riesgo durante la adolescencia.
Por ello, los especialistas insisten en eliminar los estigmas y entender que el diagnóstico no es una etiqueta, sino una herramienta de apoyo. Según Mariana Ruiz, “con atención temprana y acompañamiento adecuado, los niños con TDAH pueden alcanzar su máximo potencial”.
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