— Mario Maldonado 04/04/2025
Las divisiones al interior de Morena son cada vez más visibles y peligrosas, al grado de que ya hay liderazgos que abiertamente se oponen a las indicaciones de la presidenta Claudia Sheinbaum, y cuyas rebeliones menos puede controlar la lideresa del partido, Luisa María Alcalde.
El ejemplo más reciente se dio el miércoles pasado, cuando el coordinador de la bancada en la Cámara de Senadores, Adán Augusto López, reventó una encerrona en la que los legisladores tratarían el tema de las prohibiciones que les impuso el Instituto Nacional Electoral (INE) para promover la elección judicial.
A decir de senadores de Morena, la reunión era una indicación de Sheinbaum, quien ha expresado públicamente su interés de participar en la promoción del voto, aunque no precisamente para beneficiar a un candidato, sino para llamar a los ciudadanos a ejercer su derecho e incrementar la proyección de participación que es del 10% del padrón electoral.
La idea era afinar la aplanadora para ir contra el organismo electoral que encabeza Guadalupe Taddei; primero con un punto de acuerdo y luego con todas las herramientas que brinda el quehacer legislativo. Pero dicha reunión, programada para el 2 de abril a las 9 de la mañana, no se realizó, simple y sencillamente porque Adán Augusto les hizo el vacío.
Las versiones coinciden en que la situación se dio como resultado de un berrinche, pues se asegura que el tabasqueño, ex secretario de Gobernación, sigue sin poder superar el fracaso que le representó el asunto de la afiliación del senador Miguel Ángel Yunes Márquez a Morena, la cual fue rechazada por la Comisión Nacional de Honor y Justicia.
Para Adán Augusto era de vital importancia que los Yunes se pusieran la camiseta guinda. Muchos ya veían a Miguel Ángel como su candidato a la gubernatura de Veracruz. El tema significaba una amenaza para la actual gobernadora, Rocío Nahle, quien en su incipiente gobierno ya arrastra no solo con el fracaso, sobrecostos y corrupción de la Refinería de Dos Bocas que la persiguen, sino con la desbandada de funcionarios de su gabinete.
Nahle veía con recelo la presencia extraña en tierras veracruzanas del senador Adán Augusto López y sus amistades. Un ejemplo fue la fiesta a la que el senador morenista acudió hace un par de semanas al rancho de su amigo Fernando Padilla, en la que varios operadores de la gobernadora manifestaron su apego a los proyectos del tabasqueño.
El caso es que Yunes Márquez fue rechazado del partido por decisión directa de la presidenta Sheinbaum, y Adán Augusto, en represalia, se negó a participar en la reunión a la que convocó directamente, mediante el chat de los senadores, Luisa María Alcalde.
Como era de esperarse, la actitud de Adán Augusto desató un debate en ese chat. El más encendido en los reclamos contra el presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado fue Gerardo Fernández Noroña, quien arrastra rencillas con el tabasqueño por la intención que tiene de colocar a Andrea Chávez como presidenta de la Mesa Directiva.
El resultado de esta escaramuza es que Alcalde sólo pudo concretar la reunión de estrategia contra las disposiciones del INE en la Cámara de Diputados, un tema en el que también se ha puesto a trabajar al exministro Arturo Zaldívar, mientras en el Senado los pleitos, escándalos, amores, desamores e incomodidades están a flor de piel.
Posdata
La presidenta Claudia Sheinbaum presentó este jueves 18 ejes del llamado Plan México, como respuesta a la imposición de aranceles por parte del gobierno de Estados Unidos.
La Presidenta reconoció que la estrategia con Donald Trump y su gabinete ha dado resultados, aunque difícilmente podrá librarse del yugo del mandatario estadounidense, más ahora que viene la renovación o renegociación del TMEC.
En materia comercial, aún está pendiente atender dos ejes fundamentales: la industria automotriz y la del sector del acero y aluminio. En ambos sectores prevalecerán cierto tipo de aranceles, aunque la idea es que se vayan reduciendo con el tiempo y conforme la popularidad de Trump vaya cayendo.
Lo cierto es que parte del golpe está dado: la incertidumbre para la inversión extranjera, sobre todo la estadounidense, ya ha cobrado factura a México y seguirá por muchos meses más, puesto que Trump mantendrá latentes sus amenazas arancelarias con el objetivo de atraer esa inversión o simplemente evitar que salga de Estados Unidos.
Presentado ante gobernadores, legisladores, empresarios, representantes de sindicatos y representantes de pueblos originarios, el “reforzado” Plan México es un compendio de buenas intenciones para fortalecer la industria y el mercado nacional, y depender menos de Estados Unidos. El gran problema es que es un plan a muy largo plazo.
Varios de los puntos, por cierto, tienen un tufo ideológico y nacionalista, como el que le impregnó a los sectores económicos Andrés Manuel López Obrador. Por ejemplo, el de ampliar la autosuficiencia alimentaria y energética –ahora para 2030–; aumentar la industria petroquímica y de fertilizantes, y las compras públicas a través de la nueva ley de adquisiciones; renovar permanentemente el PACIC; mantener un salario mínimo hasta llegar a las 2.5 canastas básicas y garantizar los programas sociales.
Los que sí tienen más sentido, como acelerar la construcción de vivienda y créditos, fortalecer la industria textil, calzado, muebles, acero y aluminio, así como la de la industria de creación de vehículos, y la farmacéutica y equipos médicos, tardarán tiempo en lograrse, aun con toda la voluntad de los gobiernos, las empresas y los consumidores.
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