La Entrevista con Isabel Rodríguez

"Es una gran responsabilidad atender la salud de otros". 

La profesión de enfermería es una de las más nobles que puede existir, ya que no se limita únicamente a apoyar en las labores al médico, va más allá. Los profesionales de esta área están a cargo de los pacientes, que en muchos casos necesitan ser escuchados, atendidos y recibir apoyo durante el tiempo en el que permanecen internados.

Así describe Isabel Rodríguez a esta carrera, de la cual tiene 20 años de haberse graduado y 12 de ejercerla en el Hospital General.

¿Cómo nace el gusto por estudiar la carrera de enfermería?

"Puedo mencionarte, en primer lugar, que soy originaria del estado de Querétaro, pero llevo 20 años residiendo en Piedras Negras, una ciudad que me ha acogido muy bien y en la que me siento muy arraigada. En la actualidad, me desempeño en el Hospital General, en el área neonatal, donde ya tengo 12 años trabajando. El interés por estudiar la carrera de enfermería nace de una necesidad personal de cuidar. Todo viene de esa necesidad que surge a partir de los años dedicados a cuidar a otras personas, el sentimiento de proteger, cuidar y ayudar. Desde pequeña, quería sanar a la gente, cuidarla; jugaba con mis amigos y siempre era la enfermera o la doctora que cuidaba a todos. Eso es lo que básicamente te lleva a elegir una profesión. Estudiar enfermería se debió al círculo en el que me encontraba. 
Tuve familiares que se desempeñaban en esa área, y eso influyó en mi decisión. Básicamente, eso fue lo que determinó mi elección. Si hubiera estado en un círculo de otros especialistas, probablemente habría seguido otro camino, pero donde estoy, me siento muy bien, muy contenta con toda la labor que realizo. Es una profesión muy bonita que amo mucho y que desempeño de manera muy profesional y, sobre todo, con mucho afecto".

¿Qué satisfacciones les deja el trabajo que realiza?

"Me deja muchas satisfacciones. En el área donde me encuentro, recibimos pacientes críticos que pueden permanecer hasta 20 días. Hablamos con los padres y les explicamos lo complicada que es la situación a la que se enfrentan, tanto ellos como nosotros, los médicos.
Les decimos que no podemos asegurar nada, pero que ponemos todo de nuestra parte. Con el paso del tiempo, cuando observamos que el bebé va mejorando y podemos darles buenas noticias a los padres, y el día que se recuperan y son dados de alta, créanme que no queremos dejarlos ir, nos encariñamos con ellos. Sentimos que hemos hecho un trabajo muy bueno, que nos deja una gran satisfacción.
 Son pocos los pacientes que ingresan a esta área, pero los que se van nos dejan muchas satisfacciones. Ver a los padres contentos, agradecidos, sabiendo que sus hijos estuvieron bien cuidados, eso no tiene precio. Pero también está la contraparte, los bebés que no corren con la suerte de superar esta etapa. 
Dar apoyo emocional en este tipo de situaciones es muy difícil. 
Al principio, casi nos poníamos a llorar con ellos, pero nos preparamos para brindar acompañamiento a los padres y para que todos estemos satisfechos, porque todos hacemos lo que está médicamente posible. Al final, el destino nadie lo puede controlar, pero tenemos la satisfacción de que hicimos nuestro trabajo con responsabilidad, con conocimientos, y tratamos de involucrar a los padres. Si los bebés no tienen la fortuna de salir adelante, al menos hicimos todo lo posible. Estas situaciones nos afectan profesionalmente, es cierto. Los pacientes en esta área son indefensos y es una responsabilidad muy grande. Se siente el dolor de los padres, de los abuelos.
No puedes aislarte ni hacer como si no te importara. 
Es frustrante, pero es el destino. Sin embargo, son más los bebés que se van. Solamente el dos por ciento que ingresan fallecen. Me ha tocado ver a niños que estuvieron en esta área y luego los veo sanos y llenos de vida. Eso es una gran satisfacción, y sobre todo, saber que contribuimos para que eso pueda hacerse realidad.

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