Se recomienda el cribado de trastornos hipertensivos para todas las mujeres embarazadas

Todas las mujeres embarazadas deberían someterse a pruebas de cribado de trastornos hipertensivos, con un tratamiento basado en evidencia para aquellas que dan positivo, según una nueva recomendación de la Comisión de Servicios Preventivos de Estados Unidos (USPSTF).[1]

Los trastornos hipertensivos del embarazo en Estados Unidos aumentaron de aproximadamente 500 casos por 10.000 partos a 1.021 por 10.000 partos entre 1993 y 2016-2017, y siguen siendo una de las principales causas de morbilidad y mortalidad materna, escribieron el presidente del grupo de trabajo, Dr. Michael J. Barry, del Massachusetts General Hospital, Boston, Estados Unidos, y sus colaboradores en la declaración de recomendación final publicada en JAMA.[1]

La Comisión de Servicios Preventivos de Estados Unidos encargó una revisión sistemática para evaluar los riesgos y beneficios del cribado de hipertensión en mujeres embarazadas asintomáticas. La recomendación de grado B resultante indica que la detección de trastornos hipertensivos en el embarazo mediante mediciones de la presión arterial produce un beneficio neto sustancial.

La recomendación se aplica a "todas las mujeres y personas embarazadas de todos los géneros sin un diagnóstico conocido de trastorno hipertensivo del embarazo o hipertensión crónica", explicaron los autores.

La recomendación exige el uso de mediciones de la presión arterial para evaluar los trastornos hipertensivos, y se toman mediciones en cada visita prenatal. Un resultado positivo para hipertensión de nueva aparición se definió como una presión arterial sistólica de 140 mm Hg o una presión arterial diastólica de 90 mm Hg en ausencia de hipertensión crónica, basándose en dos mediciones con al menos cuatro horas de diferencia. La revisión periódica de la presión arterial puede ayudar a identificar y controlar afecciones potencialmente mortales.

Sin embargo, los autores enfatizaron que el cribado por sí solo no es suficiente para mejorar las desigualdades en los desenlaces de salud asociados con los trastornos hipertensivos del embarazo. Los datos de estudios anteriores han demostrado que las pacientes negras tienen un mayor riesgo y complicaciones graves, y que las pacientes negras e hispanas tienen el doble de riesgo de sufrir un ictus con trastornos hipertensivos del embarazo que las pacientes blancas.

En el informe de evidencia que respalda la recomendación, Jillian T. Henderson, Ph. D., de Kaiser Permanente en Portland, Estados Unidos, y sus colaboradores revisaron seis estudios que sumaban 10.165 personas.[2] Los estudios (cinco ensayos clínicos y un estudio no aleatorizado) compararon los cambios en el cribado prenatal con la atención habitual.

En general, la revisión no arrojó evidencia de que otras estrategias de cribado fueran más útiles que la medición rutinaria de la presión arterial para identificar los trastornos hipertensivos del embarazo en mujeres asintomáticas.

Los hallazgos citados, para respaldar la recomendación, estaban limitados por varios factores, incluida la falta de poder para detectar los desenlaces de salud del embarazo y los posibles daños de diferentes programas de cribado, así como la falta de poder para evaluar los resultados en personas indio-americanas, nativas de Alaska o negras, que tienen tasas desproporcionadamente altas de trastornos hipertensivos durante el embarazo, agregaron los autores.

 

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