El estrés: ¿Un aliado o un enemigo para la salud mental?

En el marco del Mes de Concientización sobre la Salud Mental, es importante reflexionar sobre el papel del estrés en nuestras vidas. ¿Es el estrés un impulsor positivo o una amenaza para nuestro bienestar? Comprender la diferencia entre el estrés bueno y el estrés malo es fundamental para abordar nuestra salud mental de manera efectiva.

El estrés bueno, en dosis adecuadas, puede ser beneficioso. Es aquel que nos impulsa a levantarnos cada día, a cumplir nuestras responsabilidades y cuidar de nosotros mismos y de los demás.

Este tipo de estrés nos motiva a pagar nuestras facturas a tiempo, llevar a los niños a la escuela y a sus actividades, completar las tareas y los quehaceres. Es el motor que impulsa una vida plena y satisfactoria.

Los ejemplos de estrés bueno citados por las personas incluyen eventos emocionantes como tener un bebé, planificar unas vacaciones, comprar o remodelar una casa, mudarse o iniciar un nuevo proyecto laboral. Aunque estos eventos son deseables, es natural experimentar cierta dosis de estrés durante el proceso. Este tipo de estrés es temporal y, en última instancia, nos permite concentrar nuestras energías en metas específicas.

Por otro lado, el estrés malo es aquel que nos hace sentir agobiados y afecta negativamente nuestra salud. Provoca nerviosismo, ansiedad y puede generar confusión y dificultad para concentrarse.

Las personas mencionaron relaciones tensas, problemas financieros, preocupaciones laborales o conflictos en el lugar de trabajo, así como desafíos médicos o de salud mental no tratados, como ejemplos de estrés malo. Estos factores estresantes pueden tener una duración corta o prolongada, siendo estos últimos especialmente perjudiciales para la salud, manifestándose en forma de dolores de cabeza, ansiedad, hipertensión e insomnio.

Es esencial reconocer cuando el estrés toma el control de nuestra vida. La clave para manejarlo reside en identificar los factores estresantes negativos y encontrar formas saludables de abordarlos. Cada individuo tiene la capacidad de controlar sus niveles de estrés y mejorar su calidad de vida.

¿Se siente abrumado por el estrés? ¿Cuenta con alguien en quien confiar, como un amigo, vecino, líder religioso o terapeuta? El simple hecho de comunicarse y conversar con una persona confiable puede reducir el estrés significativamente. Además, no debemos olvidar la importancia de mantener una alimentación adecuada, estar hidratados, dormir bien y realizar actividad física regularmente.

Recomendamos practicar ejercicios de respiración profunda al menos dos veces al día, dedicando un total de no más de 10 minutos. Asimismo, es fundamental identificar y reducir los factores estresantes negativos en la medida de lo posible. Estas acciones simples pueden tener un impacto significativo en el manejo del estrés y en la mejora de nuestra calidad de vida.

 

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