Este dinosaurio de seis metros perdió la cabeza de un solo mordisco

El Tanystropheus hydroides era un depredador marino que vivió en el período Triásico Medio, hace alrededor de 240 millones de años. Pese a su longitud, sus largos cuellos eran vulnerables a los ataques de otros depredadores, y un nuevo estudio acaba de corroborar ese detalle del modo más brutal posible.

Stephan Spiekman es paleontólogo de vertebrados en el Museo de Historia Natural de Stuttgartm en Alemania. El investigador llevaba tiempo examinando los restos fósiles de un Tanystropheus hydroides y otras especies como parte de su tesis doctoral en el Museo Paleontológico de la Universidad de Zurich. Desde hace tiempo se sospecha que muchos de estos dinosaurios terminaron sus días literalmente decapitados, pero nunca hasta ahora se había podido probar esa teoría. Eso es precisamente lo que Spiekman y sus colegas han hecho en un estudio recién publicado en la revista Current Biology.

“Algo que nos llamó la atención es que el cráneo y la parte del cuello conservados no han sido alterados, mostrando solo alguna desarticulación debido a la descomposición típica de un cadáver en un ambiente tranquilo”, explicó en un comunicado Eudald Mujal, segundo autor del estudio adscrito también al Museo de Stuttgart y actualmente trabajando en el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont. “Solo se conservan el cuello y la cabeza; no hay evidencia alguna del resto de los animales. Los cuellos terminan abruptamente, lo que indica que fueron completamente cortados por otro animal durante un evento particularmente violento, como lo demuestra la presencia de rastros de dientes”.

Los Tanystropheus hydroides tenían unos cuellos inusualmente largos compuestos de 13 vértebras inusualmente alargadas. La especie empleaba esos cuellos para cazar peces y moluscos emboscándolos entre la vegetación submarina, pero también ofrecía un claro punto débil cuando salían a aguas abiertas. Los mordiscos no son precisamente algo ajeno a los paleontólogos como se ha evidenciado en el estudio de especies como este enorme sapo o en el estudio de la mandíbula del Tyrannosaurus rex.

Dos de los ejemplares analizados terminaron de esa forma, lo que viene a corroborar una idea que ha sido plasmada tan lejos como en 1830. En ese año el artista Henry de la Beche pintó Duria Antiquior - A more Ancient Dorset, una ilustración en la que un ictiosaurio mordía la cabeza de un plesiosaurio y que inspiró al mismísimo Julio Verne para escribir una de las escenas más memorables de Viaje al Centro de la Tierra. La escena es la primera que se conoce que realmente está basada en datos de investigación de fósiles de la época, por lo que se considera la primera muestra del género hoy conocido como Paleoarte.
 
Pese a sus problemas, el rasgo de tener cuellos inusualmente largos ha sido una ventaja evolutiva que han expresado multitud de especies de dinsaurios durante cerca de 175 millones de años.

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